La flota congeladora de arrastre gallega representa la práctica totalidad de los efectivos nacionales, y además es una de las más importantes del mundo. Su actividad se desarrolla totalmente en aguas internacionales o dentro de aguas jurisdiccionales de terceros países y las licencias fluctúan enormemente, de manera que un buque, a lo largo de un mismo año natural, puede llegar a trabajar en dos o tres caladeros distintos, adaptándose a las especies propias de cada uno de ellos. Esta dinámica marca en parte la falta de especialización de los parques de pesca que, por el contrario, tienden a ser lo mas versátiles posible.
Una vez en el buque, la mayor parte de las capturas son sometidas por lo menos a dos tareas básicas de manipulación: evisceración y corte de la cabeza. A partir de ahí, las posibilidades son múltiples, ya que dependiendo de la especie y de las preferencias comerciales y de mercado, se pueden dar diversos procesados.
Encontramos que cada una de esta capturas genéricas da lugar a diversos productos elaborados y materias primas en los que no hay una coincidencia plena respecto a su denominación comercial. A diferencia de lo que ocurre en otros sectores alimentarios, en este no existe en absoluto una harmonización de las denominaciones a aplicar a las diferentes especies capturadas, ni tampoco un acuerdo con respeto a los formatos y rango de tamaños (especificaciones de pesos, longitudes...) inherentes la cada una de ellas.
Así, las distintas compañías armadoras establecen clasificaciones propias para sus productos y por si fuera poco, estas pueden volver a variar a criterio del patrón de cada buque, en función de las características de las capturas. Como consecuencia, los barcos que trabajan en las mismas aguas, con las mismas artes y en la misma época del año, llevan en sus bodegas mercancías que pueden no coinciden ni en número de referencias, ni en denominación comercial ni en tamaño.
Hace unos años, la OPP-3 (Organización de Productores de Buques Congeladores de Merlúcidos, Cefalópodos y Especies Varias) propuso una primera clasificación para algunas materias primas derivadas de la pesca. Sin embargo, la multiplicidad actual es manifiesta y el resultado es que la misma materia prima puede ser llamada y referenciada de manera diferente, generando muchas dificultades posteriores en la cadena de valor:
- multiplicidad del número de referencias,
- problemas en las descargas y almacenamiento frigorífico,
- confusión comercial al ofertarse productos similares con distinta denominación (y viceversa),
- errores en las empresas de elaboración, dificultad para instaurar un mercado electrónico,
- creación de estadísticas incorrectas, etc.
El proyecto nace en el seno del propio sector, a través de la Cooperativa de Armadores ARVI de Vigo, con la colaboración técnica de CETMAR y de la consultora SERVIGUIDE.
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